Weblog de artículos, cuentos, fotografías, y divagues varios por Martín Gaitán.

Últimos artículos

  • Del amor y otras políticas

    , por Martín Gaitán

    "Taca", una travesti, era la fiscal general de De la Sota en la misma escuela donde yo fui el de Carolina Scotto, en la escuela primaria del popular barrio Coronel Olmedo. Temprano, apenas nos saludamos, se acercó y me dijo bajito "este es mi laburo, pero yo a Cristina la amo. Nos dió todo". o— Sandra es la directora de la escuela. Nos recibió cuando llegamos a las 7:15 de la mañana. Apenas vio la caja con boletas de Scotto me tomó del hombro y sin mucho tapujo me dijo "negrito, cuenten conmigo (...)

  • Aire durando

    , por Manuel del Cabral, Martín Gaitán

    ¿Quién ha matado este hombre que su voz no está enterrada? Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja... Este sudor... ¿por quién muere? ¿por qué cosa muere un pobre? ¿Quién ha matado estas manos? ¡No cabe en la muerte un hombre! Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja... ¿Quién acostó su estatura que su voz está parada? Hay muertos como raíces que hundidas... dan fruto al ala. ¿Quién ha matado estas manos, este sudor, esta cara? Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd (...)

  • Historia de una mujer bomba

    , por Martín Gaitán

    San Miguel de Tucumán, la capital de Tucumán, una provincia ubicada en el Norte de la Argentina, tiene sus calles repletas de naranjos. Están dispuestos en hilera en casi todas las aceras y eso hace que la ciudad entera destile una euforia boba, a veces insoportable. Frente a la casa de Susana Trimarco de Verón hay uno de esos árboles. Conserva todos sus frutos –nadie los ha llevado- y es fácil detenerse en ese mínimo paisaje y tener un acceso de tranquilidad: en Tucumán la gente es buena, parece, y no arranca nada que no le pertenezca.

    —¿Qué decís? –interrumpe Trimarco y frunce la nariz con asco-. A estas naranjas no se las roban porque son amargas, son feas. No sirven para nada.

    Trimarco tiene 53 años y un pasado optimista. Cinco años atrás tenía también un marido, una casa, dos trabajos, dos autos y dos hijos: Horacio, que se fue a vivir al Sur de la Argentina, y María de los Ángeles –Marita-, una chica de sonrisa panorámica que una mañana salió de su casa para ir al médico y nunca más volvió. La desaparición ocurrió el 3 de abril de 2002. Ese mismo día, Trimarco dejó de ser lo que era –un alma en orden- para transformarse en esto: una persona de labios duros que se para en la acera, mira un naranjo, hace una mueca de desprecio y dice que acá, en Tucumán, nada es lo que parece.

  • #8N: Yo no voy

    , por Martín Gaitán

    Yo no voy. Claro que no voy.

    Que no vaya no significa que piense que está todo bien, que no hay nada que criticar o que cambiar. No significa que yo no esté también enojado por algunas cosas. Significa que creo que este país de hoy es mucho mejor que los distintos países hipotéticos que me proponen los que me invitan a marchar contra el gobierno — tanto los dirigentes que lo hacen públicamente como muchos conocidos de Facebook, o las cadenas de mails que recibo, o los personajes públicos más representativos que sé que estarán ahí tratando de capitalizar la protesta. La mayoría, en realidad, no me propone nada más que el antikaísmo, pero los pocos que dicen qué quieren me asustan. Que no vaya significa también que en los últimos casi diez años vi al país yendo en una dirección muy parecida a la que siempre quise y por la que milité muchos años, con aciertos y errores, con marchas y contramarchas. Y que hoy siento que estamos mucho mejor que antes de 2003. Significa, también, que no creo que las opciones que se presentan —no una abstracción idealizada, sino las realmente existentes y disponibles— sean mejores. Al contrario, creo que son nefastas.

  • ¡A mí no me la vas a contar! (1951)

    , por Martín Gaitán

    Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado. ¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, (...)

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