Fábricas tomadas: viaje al interior de un sueño real

Sebastian Hacher

, por Martín Gaitán

INTRODUCCIÓN: El cerámico y los retratos

"Lock out" es el sinónimo de huelga patronal y es utilizada por los patrones para imponer sus "demandas" a los trabajadores; baja de salarios, despidos, suspensiones o condiciones indignas de trabajo.

Cuando el lock out se utiliza para imponer ese tipo de medidas contra los empleados de una empresa, en terminos jurídicos se lo califica como lock out ofensivo. Esa categoría legal, olvidada en el marco de una justicia cada vez mas comprometida con los intereses del poder, quedó enterrada en la historia de la jurisprudencia hasta hace poco más de un año, cuando los trabajadores de Cerámicas Zanon lograron demostrar frente a un juzgado laboral de Neuquen que los dueños de la fábrica estaban incurriendo en esa medida de presión extrema para lograr el despido de 200 operarios.

En un fallo histórico, la Dra Tania Rivero de Taiana dictaminó que Cerámicas Zanon S.A. tenía que volver a abrir sus puertas respetando todos los derechos de los trabajadores, tanto desde el punto de vista de mantener la fuente laboral, como desde el punto de vista del salario y las condiciones de trabajo. El Tribunal Superior de Justicia de Neuquén, y la Corte Suprema de Jusctia, a su turno, ratificaron este fallo que no se conocía en el país en los últimos 20 años. La sentencia fue recibida y presentada con todo derecho como un triunfo y un reconocimiento a la lucha de los ceramistas.

Pero nada importó para el grupo que lidera junto a un puñado de bancos extranjeros el empresario Luis Zanon. En noviembre del 2001, mientras mantenía la planta cerrada, mandó dos centenares de telegramas de despido, tratando de avanzar en su plan de reabrir la planta con menos de un tercio del personal.

Ante la negativa de los empresarios a cumplir con la sentencia, quedó en manos de los propios trabajadores cumplir con el mandato de la justicia. Por sus propios medios reconectaron el gas, pusieron la planta a punto y comenzaron la maravillosa experiencia de producir por cuenta propia, vendiendo la producción para garantizar salarios y mantener la planta viva.

Desde allí, enfrentando miles de dificultades, las 300 familias ceramistas que llevan adelante el conflicto lograron tejer una profunda y extendida red solidaria alrededor suyo, involucrando en forma activa a la comunidad de la zona y a diferentes sectores de trabajadores de la provincia.

Y a más de un año de lucha, habiendo superado mas de tres amenazas de desalojo y el ataque parapolicial que se cuenta en este relato, la producción bajo control obrero continua en pié y abriendo nuevas fuentes de trabajo.

Don Luis Zanon, el dueño de la empresa, viene recurriendo a todos sus contactos y amigos para quebrar la lucha de los trabajadores. Si alrededor de los ceramistas y sus familias se estructuró la solidaridad y el protagonismo de todos los sectores oprimidos de la sociedad neuquina, alrededor del empresario se unieron representantes de todas las fuerzas decadentes de la misma sociedad.

En su despacho Don Luis tiene un retrato de Menem, con quién se siente unido no solo por fiestas y recepciones, sino también por créditos, participación en la privatización turbia de empresas del estado (fue, por ejemplo, uno de los testaferros para la privatización de Aerolíneas), beneficios mutuos y amigos en común. Entre los más de ciento cincuenta acreedores que figuran en los libros contables de la empresa, se encuentran desde personajes como Moreno Ocampo, el actual abogado de Domingo Cavallo, pasando por los "transparentes" IBM y el empresario Benito Roggio, hasta empresas de seguridad ligadas a la policía como Falcon S.A. y toda una serie de bancos extranjeros, algunos de los cuales están sospechados de servir como pantalla para el lavado de dinero.

Entre los principales accionistas de la empresa se encuentran también a algunos de estos personajes; el sr. Villahoz, funcionario del Banco Francés, involucrado en el escándalo del Megacange de la Deuda Externa y amigo intimo de la mafia financiera ligada a Domingo Cavallo.

El principal acreedor de la empresa, sin embargo, es el partido-estado neuquino, otrora protector del empresario y que hoy sigue dilapidando recursos económicos con costosas campañas publicitarias en contra de los ceramistas y en armar mejor a la policía antimotines para aumentar la represión.

Si bien Zanon no es un "gran" empresario fue uno de los invitados a la fiesta menemista, y hoy sigue viviendo de los restos de la "pizza con champagne" que todavía sigue enquistada en los puestos dirigentes de la república. Y logró que alrededor suyo se coaligue la crema y nata de la corruptela argentina para defender al empresario contra las demandas de los trabajadores.

Quizá movido por la misma mano invisible de esa casta , el Juzgado Comercial Nro 18 aceptó tomar en sus manos la tarea de dictar el concurso de acreedores y co- administrar la fábrica con los empresarios, como primer paso para cumplir el plan de desalojarla y dejar 200 familias en la calle. El fallo, que lleva la firma del . Dr. Germán M. Páez Castañeda, es el último paso de todo un rosario de tácticas para tratar de lograr el objetivo de abortar una experiencia de control obrero de los trabajadores y la comunidad neuquina.

El juez Paez Castañeda fue el que ordenó en tres ocasiones desalojar la planta, orden que fue rechazada por la justicia local, legalmente por considerarla contraria al fallo de lock-out patronal, y políticamente por que nadie se quiere hacer cargo de semejante "tarea".

Además del gobierno provincial y nacional, hasta ahora venían aportando lo suyo la policía y los servicios de inteligencia, primero con represión directa a los trabajadores y mas tarde mediante secuestros, amenazas y robos, dejando siempre el típico sello de los métodos que recuerdan a la dictadura militar y haciendo gala de una total impunidad.

Uno de los intentos "legales" mas fuertes fue el de nombrar un síndico, encargado teóricamente de administrar la fábrica y garantizar su funcionamiento durante el concurso preventivo.

El elegido "imparcial" para llevar adelante esta tarea es el estudio Picado, Levy, De Angelis y Asociados, que casualmente en sus oficinas en Capital Federal ofrecen como bienvenida un gran retrato de Menem en actitud sonriente y de significado idéntico a la foto que tiene Luis Zanon en su despacho.

El detalle no es menor; ese tipo de retratos son el símbolo de la casta dominante en el país , acostumbra a vivir en la lujuria en base a la corrupción, la estafa, la explotación y la falta de escrúpulos. Es la bandera de esa alianza que empresarios, banqueros, políticos, burócratas sindicales y policías han tejido para generar el abismo en el que hoy se debate la sociedad entera. Representantes de este estudio, otrora colaborador del desastre de la reforma financiera en Ecuador, y de la colonización de Puerto Rico y Panamá, se presentaron en la planta para intentar materializar sus amenazas.

Así se cierra nuevamente el círculo de la vieja Argentina, agazapada contra los trabajadores que toman en sus manos su presente y su futuro.

El relato que sigue es el resumen de dos meses de convivencia con los trabajadores de Zanon, en los que nos tocaron vivir momentos emocionantes y también momentos difíciles. Cronológicamente, los hechos –como la agresión por parte de un grupo de rompehuelgas- se sitúan en Octubre del 2002, salvo cuando se indique lo contrario en el relato. Para su elaboración, se realizaron decenas de entrevistas con obreros de base, de las cuales algunas están disponibles en internet para quién quiera escucharlos o utilizarlos.

Se puede considerar el relato como una experiencia personal, que intenta simplemente dejar sentados algunos reflejos grabados en la memoria de alguien que tuvo la suerte y el privilegio de que los obreros de Zanon le abrieran las puertas de su fábrica de par en par.

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" Podría abrazar a esa fábrica " leímos entre risas en un libro del cineasta ruso Ziga Vertov.

¿Podríamos abrazar a esa fábrica?. ¿Como expresar el sentimiento que se experimenta al entrar allí?. Luego de uno o dos días, parece que uno se mimetiza con el mundo, que siempre estuvo y que por siempre estará allí. ¿Pero que palabras ponerle a la sensación que se siente en el pecho al cruzar el portón y descubrir que lo que fue una carcel es hoy una fortaleza de la libertad?.

El tiempo que uno pasa afuera se convierte en el tiempo que falta para volver. Si bien uno entiende que es necesario, además de hacer la historia, escribirla, siempre prefiere estar allí.

Sirvan estas palabras para conjurar a los dioses del tiempo, si es que existen.

2

Este es, por poco, uno de los oficios mas viejos del mundo. La tierra convertida en utensillo; prensar, cocer, decorar, clasificar, distribuir. La lógica es la misma que hace miles de años; que lo hagan máquinas de última generación, que 270 almas garanticen que todo el proceso salga a la perfección y se repita hasta el infinito, no deja de opacar el mágico momento que vivimos cuando nos damos cuenta de que esa tierra que pisamos se va a convertir en pocos minutos en un cerámico. Claro que la magia moderna es distinta, y a fuerza de costumbre parece un acto simple para quién lo vive cotidianamente; nosotros no dejamos de sorprendernos.

Cerámica Zanon SA, la planta productora de cerámicos y porcellanato mas grande de Latinoamérica, nombrada fábrica modelo, famosa por sus diseños y calidad, y conocida en los barrios pobres por explotadora y negrera está ahora en manos de sus trabajadores.

Cuando llegamos no nos recibe, como dicta la costumbre, un vigilador profesional de alguna empresa del ramo, peinado formalmente y con la burocrática planilla en la mano. Sentados en un circulo, compartiendo un mate, un grupo de obreros que ya conocemos nos saluda y nos invita a pasar. Por la radio avisan que estamos entrando, y alguno nos acompaña hasta adentro; el camino es largo y complicado para el visitante que entra por primera vez.

La sensación es que esa inmensa conjura de hierro y cemento se traga a los hombres, que apenas unos pocos aventurados recorren los pasillos llenos de aparatos sofisticados y estéticamente inexplicables. Caminamos hacia adentro de la planta, que ruge despacio, que muestra signos de vida en cada rincón, y que sin embargo lo hace con una tranquilidad que exaspera y que tarda unos días en contagiarse.

Lo primero que vemos es, en realidad, el final de la planta. En tres líneas iguales, dos hombres y una mujer trabajaban clasificando los cerámicos. El mosaico que esta bien lleva solo una marca, el que es de segunda dos, y el de tercera tres, y la otra posibilidad es el descarte. Un sensor lee las ordenes en forma de símbolo transparente que lleva cada cerámico y lo coloca en el sector correspondiente. Uno por uno van pasando, y los ojos atentos de los selectores los revisan ya casi automáticamente; no se puede adivinar, pero se tarda apenas una fracción de segundo en descubrir cualquier tipo de defecto en cada pieza.

Atrás, muy atrás, es donde comienza el proceso productivo. Casi al aire libre, montañas de arcilla y arena esperan para entrar al molino, que pulveriza 14.000 kilos de arcilla cada dos horas. Mezclado con un producto químico, la tierra convertida en polvo llega hasta las prensas que producen el bizcocho de cerámico, convirtiendo el polvo en algo sólido y compacto. Allí ya se nota el trabajo de relojero; alguien se tomó el trabajo de garantizar, lima industrial en mano, que la matriz del producto sea totalmente precisa para que cada cerámico sea exacta y absolutamente igual a los anteriores modelos.

Sombras recorren toda la extensión de la planta; algunos cuidan las máquinas, controlando que no se traben y hagan bien el trabajo. Otros llevan y traen tareas y recados, o simplemente conversan animados con sus compañeros. Las relaciones se invirtieron desde que no están los patrones, y las máquinas se subordinaron a los hombres nuevamente; en medio de la cadena de producción, mientras los cerámicos fluyen uno tras del otro, una esmaltadora se paraliza para atender el llamado a la asamblea, para que un operario ayude a su compañero o simplemente para calentar el agua del mate. El control obrero volvió a poner el mundo sobre sus pies.

Luego del prensado, la pieza de cerámico recién nacida recibe el primer golpe de horno y el primer esmalte, para luego pasar por la decoración y los hornos.

Las decoradoras son algo curioso; consisten en un sistema moderno de serigrafía, donde cada pieza pasa debajo de una matríz de tela que deja filtrar tan sólo un poco de pintura. Convirtiendo ese viejo método artesanal y simple en una nueva técnica industrial, la decoración de cerámicos dejo abierta una puerta para la creatividad humana, que en medio de esa maraña de máquinas, cintas transportadoras y robots sincronizados, encuentra vericuetos para expresarse en los detalles mas finos.

En una de las paredes cercanas al laboratorio, donde se realizan los patrones para el decorado, una pared desborda de nuevos diseños y de afiches plasmados en cerámicos. Algunos tienen el logo del sindicato, y fueron entregados a diversas organizaciones o personas como símbolo de agradecimiento. El mismo logo que simboliza la fraternidad y la unión entre los trabajadores, adorna cada una de las camisas marrones o azules de los trabajadores. En el mismo panel encontramos placas recordatorias de momentos importantes o de agradecimientos que quedaron plasmados para siempre. La primer placa recuerda a Daniel Ferrás, el jóven trabajador que murió hace dos años por falta de atención médica durante el horario de trabajo, provocando el primer paro importante del nuevo sindicato.

Mas allá, placas de agradecimiento al pueblo mapuche, al Movimiento de Trabajadores Desocupados, a la banda de música Bersuit Vergarabat, se mezclan con los diseños de nuevos módelos y una placa recordatoria de los jóvenes piqueteros Dario Santillán y Maxi Kosteki, que también encontramos en varias partes de la fábrica.

El dato de las placas no es menor; en la casa de uno de los obreros, dibujada quizás con punzón, un cerámico decorado con una frase y un dibujo que recuerda por su forma a los tatuajes simples y clandestinos de los presos, contrasta con la elaboración de estos diseños. Con el régimen patronal, estampar una frase o un dibujo propio en los cerámicos era casi una aventura, una forma de rebeldía primaria y de complicidad secreta que tenía que pasar inadvertida frente al ojo atento del supervisor. El cerámico marcado sorteaba infinidad de obstáculos, pasaba de mano en mano en forma clandestina y salía de la fábrica envuelto en las ropas del destinatario; la creatividad estaba ahogada por el apuro, por la vigilancia exagerada y el ritmo de trabajo.

Las nuevas placas, cada una de las palabras grabadas en esos cerámicos ahora prolijos y exhibidos con orgullo, quizá sean la primera expresión de un nuevo tipo de arte liberado de las cadenas del patrón. Se terminará de desarrollar cuando haga otra vida, pero cada pequeño gran paso en dirección al futuro, hace que este tipo de cosas aparezca sintomáticamente sorprendiendo a todo el mundo.

La fábrica estaba dividida hasta ahora en varios sectores. La parte vieja, con máquinas que están en desuso, es un cementerio de repuestos que hoy los trabajadores están pensando en volver a poner a funcionar. Inmóviles, silenciosas, son el testimonio muerto del paso del tiempo y del progreso tecnológico de los años dorados, que permitía el lujo de que las máquinas se renovaran sin que las anteriores hayan terminado su ciclo de vida. Los trabajadores de mantenimiento, sobre todo, recuerdan como a finales de los 80 las nuevas tecnologías llegaban de la mano de ingenieros extranjeros, que mitad en castellano y mitad en italiano les enseñaban los secretos de los nuevos moustros robóticos que ahora rigen la producción. Las vacas gordas, el crédito del estado, la alta tasa de explotación obrera permitieron que hoy un robot detecte automáticamente las cajas marcadas en selección y las acomode en el lugar correspondiente.

Ese tipo de tecnología festejada en la prensa como un proceso de automatización extrema nunca logró independizarse de la acción humana. El androide, al que la patronal le había asignado cualidades casi mágicas, se descontrola muchas veces sin razón, y son los seres humanos los que tienen que estar continuamente controlando que las cosas salgan bien.

Por eso, porque la famosa automatización no era mas que transformar y sofisticar el trabajo humano, las divisiones dentro de la planta estaban centradas en el elemento central de la producción; los hombres y mujeres, obreros y obreras de Cerámica Zanon.

3

Pablo entra 7:45 y cuando se queda con su papá se levanta siete menos cuarto. Siempre llega puntual, porque a su edad es facil cumplir con esos horarios; se acuesta a las 10 de la noche a mas tardar, y se duerme mirando los dibujitos que dan en algún canal de cable.

El padre le hablaba de vez en cuando con esas mismas palabras simples con las que inspira a sus compañeros, sin vueltas, siempre con una sonrisa amable y sin medias tintas. Pablo entendía, y sabía por su maestra que tenía muchas razones para estar orgulloso de su papá.

Esa noche se durmió pensando en la mañana siguiente; se imaginaba de la mano de su papá, con miles de personas cantando y él en el medio de todo, agarrado bien fuerte, cantando una canción divertida y saltando como loco. Era divertido, siempre lo había sido.

Corría el mes de Octubre y se cumplía un año de lucha en cerámicas Zanon. A la mañana hizo eso que solo pueden hacer los pibes y se despertó antes de que el reloj marcara la hora del desayuno para ir a la escuela. Se plantó frente a la cama de su papá, y lo miró mientras dormía; sabía que dentro de poco se tenía que despertar, que él tampoco necesitaba relojes que le digan a que hora abrir los ojos, así que simplemente se sentó y esperó mirando a ese hombre grande que dormía tan profundamente.

A las 7 :30 AM su padre abrió los ojos y se encontró con su hijo de 9 años al costado de la cama, mirándolo con una mezcla de cariño y un poco de medio. Tardó unos segundos en entender la situación, y al darse cuenta de que lo que estaba pasando tuvo la primer reacción de abrazar en forma cómplice a su hijo. Ya era tarde; había faltado al colegio y no tenía razón para no llevarlo a la movilización.

Anduvieron todo el rato de la mano, primero llevando la bandera adelante de todo, y después mezclados entre la gente que no dejaba de cantar. Para Pablo no era solamente un juego; la sensación de hacer cosas de grande, y de ayudar a su padre para que pueda trabajar le causaba una alegría y una excitación que solo se repetía en los cumpleaños o en navidad.

Era como un regalo para él; sentía cada canción, cada paso, casa señor de esos grandotes que lo saludaban, como un paso mas para ser grande, para parecerse un poco mas a su papá. Pablo esa noche volvió a soñar.

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Sentado en el comedor, infaltable mate de por medio, Manotas -uno de los casi 300 trabajadores que ocupan y producen en Cerámica Zanon- nos cuenta su historia.

Para ubicarse nada más en la situación basta imaginar de donde viene su sobrenombre. Su presencia se impone, generando una mezcla de ternura y respeto que amenaza dejarnos sin palabras. Y es el quién las usa ahora:

"Yo era encargado, y te obligaban a hacer lo que ellos decían. Nosotros teníamos retrasos en los pagos, hasta que me pudrí y me presenté en una asamblea, en el paro de 34 días. Nos amenazaron que nos iban a echar, y al final echaron a 28 encargados y a nosotros no nos tocaron. A la asamblea no podía ir cualquiera, yo tenía muy buena relación con la gente. Yo me avoqué a la lucha como todos. El primer día me recibieron muy bien, para mi fue un orgullo, fue un privilegio poder entrar y saber que las cosas que decidían en asamblea, en ese momento fue una experiencia nueva."

Hace casi dos años Manotas salió del mundo que le habían impuesto y recuperó su identidad como trabajador. El venía de estar en la construcción, y cuando entró a Zanon se sintió como entrando a la cárcel. En la huelga que comenzó hace más de un años aprendió todo lo que ahora demuestra en su trabajo cotidiano, que empieza mas temprano que el de todos y generalmente termina después.

Como cada uno de sus compañeros, Manotas se fue haciendo fuerte en la desgracia, y cuando lo querían condenar al olvido y la miseria decidió que ya era demasiado y que no lo iba a permitir más.

Con orgullo nos cuenta que "En un momento nuestro trabajo era conseguir alimentos, las radios abiertas, ir casa por casa, colgar carteles a la noche. La manera de trabajar es la que me gustó a mi, porque todo se decide por la asamblea, se trabaja de esa manera."

¿Como volver a la casa todas las noches llevando algo para comer?. ¿Como no tirar tantos años de trabajo a la basura por el capricho de un patrón?. Esas, por mas que no las diga, son las preguntas que su conciencia de obrero responden dandolé la razón.

Un periodista local logró una vez colar una palabra de humanidad en uno de los diarios de mayor tirada de la región; dijo que en una de las movilizaciones que habían realizado los trabajadores de Zanon "se notaba que eran obreros". La observación, que parece obvia, encierra sin embargo una de las principales características de la lucha de los trabajadores de Zanon. La sensación del periodista, mal reprimida por el editor de turno, dejaba entrever lo que sentimos todos cuando nos encontramos con ellos; hablar con alguien digno y noble, que sabe decir la verdad.

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"Producir sin el patrón es una satisfacción inexplicable. El saber que vos desarrollas el producto, que los ves prensar, decorar y salir de la caja. El saber que lo que vos hiciste es tuyo es un orgullo muy lindo, te obliga a hacer las cosas mejor, y eso se ve en la realidad, es un buen incentivo."

Todos dan mas o menos la misma respuesta; orgullo, satisfacción, alegría, tranquilidad.

Rosa, una de las diez mujeres que trabaja en la fábrica, nos cuenta que ahora en el sector selección el trabajo es mejor; antes, nos cuenta, la persona que trabajaba en esa máquina estaba como atada, no podía fumar, no podía tomar nada, no podía ir al baño. A las tres horas, por estar sentado, por hacer una tarea minuciosa que se repite miles de veces por día, comenzaba a dormirse. Ahora cada vez que se cansa toma un mate, prende un cigarrillo, estira las piernas; la productividad aumenta y la tranquilidad también. Ahora le gusta su trabajo, sin presiones ni ordenes ridículas que hay que cumplir incluso sabiendo que están mal. Esa es la situación en todos los sectores; una especie de liberación de energías y creatividades, de alivio por no tener el ojo del patrón en la nuca y poder, como dicen ellos mismos, trabajar en libertad.

Y si de liberación de energías y potencialidades se trata, el laboratorio, uno de los lugares mas delicados del proceso de producción, es el mejor ejemplo de como trabaja "la nueva gestión" de Cerámica Zanon.

Manotas nos dice que "Acá hay mucha capacidad; están experimentando, haciendo modelos nuevos, y tienen la capacidad de hacer lo que quieren. En todos los sectores se esta produciendo un ahorro muy grande, porque se hacen cosas que con la empresa no se hacían por capricho. Los compañeros hacen un laburo excelente, el resultado es muy bueno y fue todo a conciencia. Los nuevos modelos están pegando mucho, de los dos lados, el económico y el político. Eso nos refuerza, porque el símbolo del material mapuche es un símbolo fuerte. Yo trabajé en porcelanato, y había un compañero que lo habían echado. El hizo un empaste que salía el 50% menos que el que se usaba. A el lo echaron, y el empaste quedó como que lo desarrolló una jefa. Nosotros a ese compañero lo volvimos a llamar."

Mientras estuvo la patronal el laboratorio era el lugar sagrado y prohibido; solo entraban hombres de guardapolvo, que comían en comedores separados y no tenían ningún contacto con los obreros. Eran, en su mayoría, ingenieros y técnicos químicos que ganaban un poco mas de sueldo que los operarios y eran tratados en forma diferenciada. Allí se elaboran los pigmentos que luego se utilizan para decorar los cerámicos, y nada puede fallar; la menor tonalidad, el menor detalle significan miles de cerámicos tirados a la basura. En laboratorio también se manejan los materiales mas caros, que no se pueden derrochar en lo más mínimo.

Con la ayuda de un técnico, y en reemplazo de un ejército de ingenieros, tres trabajadores pusieron manos a la obra. La mayoría de ellos trabajaba o en el sector de pulido o en selección de material, y nunca habían imaginado tener a su cargo tanta responsabilidad.

Para empezar aprendieron las fórmulas y los trucos, pero no se quedaron conformes.

Juan señala que lo mejor que hicieron fue "hablar con cada compañero de cada línea, porque nadie mejor que ellos conoce el trabajo. Así aprendimos la mayoría de las cosas". En las líneas de producción, donde antes anónimos personajes pasaban las horas en silencio, descubrieron al "ingeniero colectivo" que hace marchar la fábrica.

El laboratorio es hoy un bastión de la gestión obrera, y es allí donde nos instalamos durante nuestra estadía, simplemente porque es también allí el lugar donde se ceban los mejores mates (lo confesamos, aún sabiendo que va a despertar polémicas).

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Los nuevos modelos elaborados íntegramente por los trabajadores son la serie Mapuche y la serie Obrero. La serie económica, el Obrero, es un cerámico compacto, de decoración simple y pensado para abastecer a un mercado con menos poder adquisitivo. La serie Mapuche, de varios colores diferentes, logra sintetizar la reivindicación político-cultural de los pueblos originarios y una fineza en el diseño que incluso sorprende a los entendidos del tema.

Ambos llevaron decenas de horas de trabajo sin los mejores elementos para poder hacerlo. Hoy son el orgullo de la fábrica. Juan, uno de los trabajadores de ese sector, lo sintetiza así: "Sin tener muchas cosas, ahora tenemos que resolver infinidad de problemas. Si podemos resolver los grandes problemas con poco, podemos hacer mucho más".

La misma forma de trabajo del laboratorio se repite en los demás sectores. Los compañeros de mantenimiento hacen proezas inventado repuestos para las máquinas importadas, imposibles de comprar en estos momentos; dicen que todo lo aprendieron con la empresa vieja, pero que recién ahora pueden aplicar todo lo que saben. Una parte de la fábrica que no está en producción hoy sirve a sus trabajadores como fábrica de repuestos. Y cuando algo no está se hace. Tan simple como eso.

Desde el mejorado de la materia prima hasta las cajas de embalaje, pasando por cada uno de los aspectos del proceso de producción, ha mejorado notablemente.

Reynaldo, un antiguo trabajador de la línea que hoy es encargado de mantenimiento del gas, nos explica que su primer conquista fue "que no haya mas olor a gas, ni perdidas que aumenten el consumo y pongan en peligro a la fábrica". Con paciencia y precisión nos muestra todo el trabajo que hizo y el que le falta por hacer. Para la empresa se trataba de mantenerse al mas bajo costo posible, y para él se trata de que todo sea lo más seguro posible para sus compañeros.

El pensar en un sentido social le permite hacer mejor su trabajo sin aumentar los costos en lo más mínimo. Incluso, si hablamos en forma potencial y a futuro, desde el punto de vista estrictamente económico, los trabajadores demostraron poder trabajar mucho mejor sin patrón.

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La organización del trabajo también cambió muchísimo con la gestión obrera. Antes había un verdadero ejército de supervisores; el promedio era uno cada dos obreros, todos armados de planillas y handies para estar comunicados entre si y con sus superiores. La burocracia era tremenda; algunos supervisores tenían por principal función hurgar en los tachos de basura en búsquedas de restos de yerba, para sancionar los que osaban tomarse un mate. Según explica Don Keller, con màs de dos décadas trabajando allí, muchos se dedicaban a "entorpecer el trabajo...nos hacían hacer cosas que estaban mal, y uno no podía contradecirlos porque eran jefes".

Ese quizá sea el principal problema que afronte la gestión obrera; tantos años de recibir ordenes, y tanto rencor con los patrones produzcan emociones encontradas en cada uno de los trabajadores. Y como tuvieron que elegir como mantener algún tipo de “autoridad”, los trabajadores de Zanon optaron por su propio método; la asamblea.

Hay un ejemplo del régimen de trabajo que tendrá que ser recordado por los historiadores como símbolo de una época: la prohibición de tomar mate dentro del perímetro de la fábrica. Fue una de las primeras reglas absurdas que se derrumbaron con el control obrero: "Antes mate no podías tomar en ningún momento. Ahora todos podemos tomar mate. En todos los casos, en todos los sectores se puede tomar, porque no implica que te salgan mal las cosas. Estaba prohibido por una boludez, decian que la gente se reunía y descuidaba el trabajo. A mi me hicieron una carta documento por tomar mate. Es una de las cosas autoritarias que hizo la empresa. Como norma de conducta, la asamblea decidió lo de no jugar a las cartas durante el trabajo."

El solo hecho de que se discuta en la asamblea la conveniencia o no de jugar a las cartas al mismo tiempo que se trabaja, basta para entender hasta donde llega la libertad que conquistaron. Solo aprendiendo de ella, los trabajadores lograron encontrar mecanismos eficaces para organizar la producción en línea: "Hace 3 semanas se planteó la idea de elegir coordinadores por sector, para encaminar la producción, porque estábamos produciendo sin un plan. A mi me propusieron como coordinador, y la gente me votó, y ahora tengo esa obligación. Hacemos reuniones los lunes, miércoles y viernes, donde vienen los coordinadores con un compañero de cada sector que va rotando, para que todo el mundo esté informado. Eso es lo que yo pretendo, lo que trato de hacer; que todo el mundo tenga la información, para eso hacemos asambleas informativas. Que te propongan como coordinador es un orgullo, pero seguís siendo uno mas; acá no hay niveles jerárquicos, simplemente sentís mas obligaciones."

Los coordinadores, por mas que cueste entenderlo en otros ámbitos, solo cumplen esa función; coordinar la producción. Cualquier obrero es capaz de trazar un plan de trabajo, y son apasionantes las discusiones que se dan todos los días para resolver, en algunos casos, los mas finos detalles.

Un caso particular es el de mantenimiento; entre el obrero que trabajaba en la máquina todo el día, y el mecánico del turno, solo existía una relación ajena al trabajo. El jefe de mantenimiento era el encargado de dictaminar cuando la máquina se rompía y cuando no, y que era específicamente lo que había que repararle.

Los dolores de cabeza, que el operario sufría en silencio, parecen alivianarse un poco con el nuevo sistema; el dueño, el que conoce y sabe como tratar a su máquina es él y sus compañeros. Nadie más.

Así lo resume Manotas: "La gente no está presionada, cada uno sabe lo que tiene que hacer. Es muy distinto al trato con el patrón, que viene y te dice hace esto y aquello sin ninguna información. Acá se sabe todo, lo que se gasta en luz, en gas, en sueldo. Yo tengo una visión, pero quiero la de ellos, porque ellos conocen el sector y tienen una visión mucho mejor que yo de ello. En la línea es igual, y con la gente de horno es igual. Cada sector tiene que organizarse y desarrollarse ellos. Yo no les puedo decir que es lo que tienen que hacer; es la suma de un montón de voluntades y lo que uno trata de coordinar es todo ese esfuerzo. El material que sale es bueno, incluso no trabajando con los insumos ideales, porque los muchachos están haciendo magia."

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La mejor forma de demostrar que la fábrica es viable es el propio movimiento. Sosteniendo una huelga larguísima, manteniendo una actividad extra laboral intensa y cotidiana, la producción todavía sigue alcanzando para que todos puedan cobrar. "Hoy tenemos gente en las guardias, en las tareas administrativas, en ventas, en varios roles a los ponchazos que los cubrimos entre los compañeros, lo que nos hizo sacar gente de la producción".

La producción, sin embargo, alcanza para que todos cobren un salario digno. Los cerámicos producidos "Hoy rondan los 80, 100.000 metros, y ahora estamos proyectando 120.000. Apostamos a las ventas, que es el primer paso que encaramos y las expectativas son muy buenas. Nosotros vendíamos 33.000 metros acá en la zona, y ahora estamos vendiendo en otras provincias. Eso nos permite expandir la producción y tomar mas trabajadores. 120.000 metros es el 12% de la capacidad de la empresa, y con eso pagas los sueldos, los servicios, todo".

Los obreros tienen ambiciones. "El punto de equilibrio -sigue contando Manotas- serían hacer 300.000 metros, porque eso nos permitiría tener un stock importante y generar una cantidad de empleo, con eso estaríamos trabajando 270 personas abocadas a la producción."

La ambición no es, hay que entenderlo, parecida a la del patrón; queremos que esto dé trabajo, es la consigna que mas se escucha decir entre los obreros concientes de lo que con esa fábrica en las manos se puede lograr.

9

Son las doce del mediodía. Hace algunas horas concentramos en la rotonda y bajamos por la avenida cantando, quizás como nunca antes. Era una marcha triunfal; un año y seguimos acá, y la canción " ahora que estamos produciendo " retumba contra los negocios y contra los edificios gubernamentales que cierran sus ventanas como queriendo ignorar que estamos allí.

Es una marcha de festejo, una marcha de hombres y mujeres que tienen la dignidad atrapada en una mano y no la quieren soltar.

Jóvenes obreros, que no alcanzan todavía a reunir toda la ropa del uniforme marrón, se mezclan entre rostros cansados de hombres mayores, que acompañan con palmas y voces como susurros la energía juvenil.

Uno de esos hombres de rostro curtido y severo lleva un gorro de pescador, el mismo que los domingos de verano usa para ir a pescar a cualquiera de los lagos que pueblan la región.

Con una mano sostiene una bandera Argentina que llevan entre unos cincuenta obreros y con la otra levanta el gorro color verde militar. Tiene unos 60 años y esa mano que saluda al viento trabajó en la sección hornos durante casi 25 de ellos. En esa mano también lleva un reloj imitación oro con sus iniciales grabadas, que muestra orgulloso cuando cuenta que se regaló la empresa como premio por ser "el menos faltador ".

El, o cualquiera de los obreros de su edad, recuerda un tiempo pasado en el que ser obreros de Zanon era sinónimo de estar bien. Trabajar se trabajaba, dicen, pero a fin de mes la recompensa siempre llegaba.

Teníamos obra social, hacían los aportes. La vida era una suseción de días tranquilos, esclavizados a una gallina de los huevos de oro que disfrutaba de la protección estatal.

Eso mismo, explica con palabras simples Don Velazquez, es quizá lo que marcó el principio del fin. Cuando los subsidios para le gas, la electricidad y el agua comenzaron a menguar, cuando apareció la competencia y la necesidad de pagar impuestos, ese estar siempre bien comenzó también a terminarse. Había pasado la época del cavallismo, del auge consumista y la ilusión pasajera del ascenso social. En Zanon esa época había pegado duro; es la de mayor rotación de mano de obra, la de mas horas extras y mayor productividad del trabajador.

Si alguien, como ese obrero de manos duras y gorro de pescador, había tenido alguna ilusión de vivir eternamente bien bajo la orbita de la patronal de Zanon, esas ilusiones se esfumaron con una gota de agua bajo la luz del sol. Y el hombre, terco en su lucha por sobrevivir y hábil en su don de crear, construyó el sueño propio, esta vez edificado sobre los cimientos de la realidad.

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Con la misma sencillez con que lo explica, con la misma tranquilidad con la que todavía sigue siendo uno de los primeros en l legar a trabajar, Don Velazquez marcó, sin querer, el principio del fin. Trece años había estado allí la vieja conducción del sindicato; trece años de silencio, trece años de listas de despidos confeccionadas en común, de las que no había forma de safar.

Corre el año 2000, y en la fábrica hay una nueva comisión interna formada por gente joven. La vieja conducción del sindicato, encabezada por Oscar Montes, un ex-obrero electricista que hizo sus primeras armas en Zanon, no soporta el hecho de que la nueva generación de delegados se llame a si mismo " independientes " y que no acepten la vieja formula de ser los ejecutores de los recurrentes ajustes de personal.

— No te conozco — dijo Montes aquella vez.

El viejo está allí, parado con su recibo de sueldo en la mano, esperando poder entrar a la asamblea donde él y unos 200 obreros se van a plantar para que su nueva comisión interna no sea expulsada del sindicato. Montes esta parado en la puerta, débil, nervioso, y no mira a los ojos a Don Velazquez para decirle que a él, que hace 20 años que trabaja en la fábrica, que a él que tantos favores le hizo a todo el mundo, no lo recuerda como afiliado.

La comisión finalmente no fue expulsada, y pocos meses después pasaba a estar al frente del sindicato. Una nueva experiencia sindical comenzaba, borrando los métodos de matonaje y favoritismo, y cambiándolos por la asamblea y la participación.

Para Don Velazquez, el viejo Velazquez, esa escena fue el comienzo del fin de una era; la era de la esclavitud. Y ahora, mientras custodia el sector de esmalte " para que los muchachos de la línea puedan trabajar bien ", dice que no se arrepiente de nada; un año de control obrero le bastó para entender que el patrón es sólo necesario para que otros se llenen de plata.

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Es la una de la tarde. Hay sol y la movilización pasó por todos los lugares que simbolizan el poder; la casa de gobierno, la legislatura y, por qué no, el centro de la ciudad. Ahora marchamos hacia el monumento al Gral. San Martin, el punto céntrico de la ciudad, allí donde todo y todos se encuentran.

La bandera se ve de lejos, casi como un insulto. Son tres, quizás cuatro cuadras que nos separan de los rompehuelgas encabezados por Montes y quizá el saludo, el pedido de " un minuto de silencio para Montes que está muerto " no llegue a escucharse, así como nosotros no distinguimos las caras de los que están ahí, del otro lado.

Pasamos tranquilos, alegres. Un joven de pelo largo, no mas de 25 años, se queda parado mirando al horizonte; no canta como los demás, tan solo mira y trata de descubrir alguna cara conocida. Frunce el seño, busca, investiga, pero no logra reconocer a ninguno de sus viejos compañeros.

— Y pensar que hace apenas dos años— dice — estábamos allá adentro, como robots. Nosotros no éramos compañeros de nadie; comíamos en un comedor aparte, usábamos otro uniforme y hasta estábamos divididos del resto de la planta por un nailon, para no ver lo que pasaba. No teníamos nada que ver con estos, porque ni siquiera nos dejaban afiliar al sindicato.

La empresa nos engañaba diciendo que nosotros éramos el futuro y nosotros nos divertíamos, mirá lo que te digo, compitiendo a ver quién producía mas. Era el sector mas choto de la fábrica; no podía parar ni cinco minutos para respirar un poco, porque Porcellanatto es el material mas caro, y entonces había que producir y producir. Éramos "la sangre joven " nos decían, y luego aprendimos que querían esa sangre para chuparla un poco más.

Ahora mira a los rompehuelgas, parapetados allá a lo lejos, como con vergüenza de que los puedan reconocer. Marchan, pero su marcha no va hacia ningún lado; cantan, pero sus gargantas parecen obligadas, lo hacen de una forma demasiado formal. Compara; nosotros jóvenes y viejos, de azul o de marrón, festejamos, avanzamos, sonreímos y cantamos aun sabiendo que nuestra pelea nunca tiene final.

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Los primeros momentos son de confusión. El reloj marca las dos de la tarde y, apretados en un micro, volvemos a la fábrica para terminar de festejar el año de lucha que los trabajadores acaban de cumplir.

Desde el colectivo donde viajamos apretados se ve, a la derecha una hilera de policías con escudos. Adelante se ve gente como queriendo avanzar, pero el tráfico, casi inmovil , no nos deja ver que es lo que está pasando.

Una mujer es la primera en darse cuenta de que hay algo malo. Es apenas un segundo de parálisis, luego del que grita que nos bajemos todos, por si estaba pasando algo. El escuadrón de policías está a unos cien metros de nosotros, y la alegría de hace minutos muy atrás.

Hay grupo de gente a lo lejos, cerca del cartel de entrada de la fábrica. Alguien tira petardos de tres tiros, trepado al andamio que grupos de muralistas usan para pintar un nuevo frente para una fábrica nueva. Parados en medio de la ruta, nos quedamos paralizados durante unos segundos, para caer en seguida en la cuenta de que la fábrica, en realidad, estaba siendo atacada por una banda civil.

Corremos a refugiarnos - la confusión nos dejó a tiro de los provocadores- y saltamos la reja como podemos para unirnos al resto de los compañeros.

Los carneros retroceden a medida que mas obreros llegan y se defienden con las manos o con gomeras. Desde el techo de la guardia, un aguerrido grupo de trabajadores responde a las agresiones con una incesante lluvia de bolitas blancas de cerámica irrompible, que en algunas horas serán famosas en toda la ciudad.

De atrás, desde el cuerpo principal de la fábrica, Don Velazquez y cuatro obreros vienen corriendo. Es una imagen extraña; el viejo tiene el pecho hinchado, y lleva en la mano una gomera muy pequeña, casi infantil, pero que le permitirá estar en la primera línea.

Su rostro, su forma de caminar, me quedarán grabados como el primer recuerdo de los días que vendrán. Como un padre defendiendo a sus hijos en peligro, ese hombre tranquilo y sencillo se convertía en cuestión de segundos en un defensor rabioso de su dignidad.

Adelante, contra el portón, refugiados atrás de un pallet de cerámicos, un grupo de obreros muy jóvenes se turna para disparar. Algunos gritan cosas, pero ya sus voces no llegan a los agresores; retroceden desornadamente hasta el otro lado de la ruta, unos ciento cincuenta metros del portón de la fábrica, donde se instalaran durante los próximos días.

La fábrica, hermosa y prolija como siempre, es todo preparativos. Ninguna línea de producción funciona y todos y cada uno de los obreros trabaja ahora para apuntalar su defensa en lo que se sabe será una larga semana de lucha.

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A veces es fácil aprovechar la condición de periodista, el cierto aura que la palabra " prensa " concede, y meterse en terrenos escabrosos donde de otra forma no se podría llegar. Así sucedió esta vez, a pesar de que el portador de la cámara minutos antes había sentido la necesidad de bajar la cámara y tirar, como cualquier obrero, sus buenos cascotazos contra el nuevo agresor.

Crucé la ruta despacio, alineado detrás del cordón policial que, como una red de un partido de voley, se había puesto bajo " la línea de fuego " para evitar momentáneamente nuevos choques como el que había de terminar.

Las remeras de la hinchada de Cipolletti es lo primero que llegue a divisar. A la derecha, en la punta del campamento esquirol, un grupito de pibes, no mas de 15 años, toca el tambor y ni siquiera atina a taparse la cara cuando comienzo a filmar. Mas allá, dos o tres mujeres un tanto nerviosas cantan y saltan de a ratos, y parecen esforzarse cuando el lente las enfoca. Un grupo de hombres mayores, de anteojos negros, cuchichea junto a una bandera y otro grupo de jóvenes comparten un vino en caja.

Son en total unas cincuenta personas, la mayoría de ellas jóvenes, que de después sabría que habían sido reclutadas entre la "barra brava " del club Cipolletti y barrios pobres del lugar.

Atrás, rodeado de cuatro de sus socios, Oscar Montes, de un 1, 90 de estatura, camisa roja y anteojos para sol, habla continuamente por celular.

Montes, un ex-obrero de la parte de electricidad, abrazó el sindicalismo hace 14 años, desplazando a una vieja conducción que ya no tenía nada que ver con la actividad sindical. Ligado a la CGT local, trepó de la comisión interna a la conducción del sindicato rápidamente, y durante mucho más de una larga década, llegó a tener un puesto en la conducción nacional. La CGT en Neuquén nunca fue gran cosa; provincia que cambió al peronismo por un sistema de caudillaje local, nunca dio mucho protagonismo a los sindicalistas ligados al aparato nacional.

Durante años, para Montes estar al frente del sindicato fue un pequeño negocio particular; así consiguió su auto, pudo terminar su casa y hacer decenas de viajes sin trabajar. Cuando surgió por segunda vez oposición entre los obreros, creyó estar otra vez frente a pequeños obstáculos fáciles de superar.

La nueva comisión interna, sin embargo, surgida de charlas clandestinas y encabezada por obreros jóvenes, ganó sin problemas y casi por unanimidad la conducción de la fábrica. De la plataforma que los llevó al triunfo se destacaban dos propuestas que, frente a la vieja dirección, resultaron un arma mortal; la honestidad como primer punto, y como segundo la participación democrática mediante asamblea.

A partir de ahí todo comenzó a cambiar. Las asambleas, las protestas por las condiciones de trabajo, los paros sorpresivos frente a cada atropello patronal comenzaron a hacerse frecuentes y la vieja burocracia sindical, con cada paso que daban los obreros, comenzó a ni siquiera poder entrar a la fábrica. Aislados y repudiados, intentaron retener el sindicato llamando a una asamblea para organizar elecciones a 100 kilómetros del lugar.

La empresa le dio una mano; la asamblea sería en horario de trabajo, y el que faltara ese día, declaró la patronal, corría el peligro de ser despedido.

Una caravana de 100 obreros que desoyeron cualquier amenaza llegó al lugar fijado y evitó que la perpetuación del montismo se consumara. La vieja conducción ya no representaba nada, y para los ceramistas de Neuquén comenzaba un nuevo capítulo en el que defenderían, sea como sea, su dignidad.

Y ahora estaba allí, Montes, dos años después de aquella asamblea, de anteojos negros, hablando por celular, a comandando un grupo de civiles contratados con el solo objetivo de entorpecer la producción y presionar para una salida judicial.

¿Con quién hablaba Montes a las tres de la tarde luego de atacar a piedrazos a los obreros de Cerámicas Zanon?. Cuentan algunos testigos que tenía línea directa con la patronal, que invirtió 5000 pesos por día para financiar la nueva intentona que por via legal no habían podido lograr. Otros, que entablaba una negociación con Alicia Comelli, la secretaria de seguridad de Neuquén, con la que negociaba los próximos pasos a seguir.

Lo único cierto es que estaba allí, que armaban carpas y prendían un fuego, que los tambores de los jóvenes contratados para la ocasión tocaban una música extraña, ritmo de una fiesta particular.

Se venían cuatro días de extrema tensión.

14

Desde lo alto de la fábrica, al lado de la entrada del sector selección, el atardecer era imponente. La ruta siete se teñía de un naranja brillante, y de a poco, brindando un espectáculo hermoso, el sol comenzaba a caer. En la fábrica ya éramos unas 700 personas, entre obreros, familias y organizaciones solidarias.

Las guardias estaban reforzadas; diferentes puestos, numerados del uno al seis y comunicados entre sí por teléfono o radio, cuidaban todo el perímetro de la fábrica. Todas las entradas estaban tapiadas por palets de cerámica que obreros en autoelevador nunca dejaban de agrandar.

En el puesto número tres, el que estaba justo en frente de donde acampaba el grupo de Montes, se producían escaramuzas continuas. Una piedra volada para pegar contra la reja, otra volvía y comenzaba un enfrentamiento que podía durar entre algunos minutos y una hora.

Durante la noche, cerrada y oscura, se tiraba al bulto. Un infrarrojo de una cámara de video mostraba como pequeños grupos de jóvenes se parapetaban entre las señales de tránsito para empezar a atacar. La escena se repetía durante horas. Un grupo de unos treinta obreros, sentados y compartiendo un mate, cantaba canciones futboleras, aduciendo a la condición de barras bravas de "la gente de Montes “. Del otro lado, inexplicablemente, los tambores pasaban horas sin dejar de tocar lo mismo. Cuando se callaban, comenzaban, de nuestro lado gritos incitándolos a volver a tocar. De repente nos llegaba una piedra o dos, y todo comenzaba otra vez; cada uno a su puesto, todos atentos y preparados para lo que podía pasar.

Luego sobrevenía la calma, y durante una hora o dos, la escena del mate, las canciones, los bombos era la misma, hasta que cualquier cosa hacía parecer que todo estaba a punto de estallar.

Así vivimos la primera noche de agresión, una especie de guerra de nervios destinada a que nadie dentro de la fábrica asediada y fortificada pudiera dormir.

15

Para entender el cuadro completo hace falta remontarse a casi un año atrás. Es 19 de diciembre del 2001 y el país entero estalla en llamas. En la ciudad de Neuquén, los rumores corren en todos y cada uno de los barrios castigados por la pobreza y la desocupación.

En el centro, una joven recientemente despedida de su trabajo en una pizzería toma un helado con su madre. No imagina nada de lo que está por suceder y sólo cuando nota que el ambiente se torna raro, que los negociosos cierran y la policía se comienza a multiplicar decide que es tiempo de volver. En minutos más, la ciudad entera estallará como un verdadero polvorín. Los principales supermercados serán escenarios de una batalla campal, y en cada punto candente de la ciudad, cientos y miles de personas saldrán a la calle para tomar por la fuerza lo que les fue negado por una vía legal.

Los saqueos comienzan mientras ella viaja con rumbo a su barrio. En el colectivo, mujeres preocupadas hablan de gases lacrimógenos, de batallas campales y heridos. Ya en el Barrio, los comentarios se vuelven imagen, y se desarrolla un Guernica urbano; jóvenes enfrentándose a la policía, barricadas en las esquinas, mujeres escapando en bicicletas tratando de cargar pesadas bolsas.

Hay heridos, hay gases lacrimógenos y caos en todas las esquinas. El impulso de una sociedad convulsionada, la sensibilidad de ser joven, la solidaridad con los vecinos, hace que quede envuelta en los acontecimientos. Siente la obligación, la necesidad de hacer algo y se mezcla entre la gente para ayudar a cargar las bolsas que llevan un poco de comida, socorrer a los heridos o levantar a los rezagados que caen entre las balas policiales.

La ciudad, el país entero es una batalla campal; la noche transcurre con enfrentamientos en todo el barrio, con 32 muertos y cientos, quizás miles, de heridos . En el San Lorenzo, el ruido de las balas, los gritos desesperados alternan con camionetas atestadas de policías que pasan por la cuadra. Es una noche de terror, que solo terminará el día después, con la caída de De la Rua.

Inmediatamente decide que tiene que hacer algo. Sin pensarlo dos veces ingresa el MTD , el Movimiento de Trabajadores Desocupados asentado en el barrio y que desde hace algunos años lucha por trabajo genuino. Todo el verano lo alterna entre los cortes de ruta y las actividades de solidaridad con los obreros de Zanon, que todavía permanecen en carpas frente a la fábrica.

Ahora, volviendo a Octubre, veamos el panorama; esas manos que antes fueron solidarias con sus vecinos en los momentos más álgidos de la rebelión, esas mismas manos que pidieron un paquete de arroz, una yerba o una moneda para que los obreros de Zanon pudieran aguantar su lucha, ahora trabaja con formulas de esmaltes en el laboratorio de la fábrica de cerámicos mas moderna de Latinoamérica.

Ella, junto a una decena de sus jóvenes compañeros, son la nueva camada de obreros de Zanon.

En agosto, mediante un acuerdo con las organizaciones de desocupados, una veintena de trabajadores desocupados entra a a trabajar a la fábrica con iguales derechos y salario. El MTD, aliado de los ceramistas en todos y cada uno de los momentos que les tocó vivir, decide en una asamblea que los beneficiarios de los nuevos puestos de trabajo deberán ser los más jóvenes, por una doble razón; muchos de ellos no tuvieron en su vida un trabajo digno, y siempre fueron los primeros en ponerse al frente de todo lo que hay que hacer.

— Es como estar adentro de un sueño, pero real— comenta un joven de 22 años del MTD, que con su nuevo trabajo puede mantener mejor a sus dos hijos.

Cuando la agresión contra la fábrica comienza, es casi un hecho natural que los trabajadores desocupados estén al frente de su defensa.

16

La noche fue una interminable sensación de tensión, pero sin dejar momentos para la diversión. El humor, la picardía, la alegría, no dejaba de aflorar incluso en los momentos mas difíciles.

Un vecino del barrio del frente se cruza a conversar. Está indignado porque los rompehuelgas "le están ensuciando el barrio " y promete que nadie va a dejar que "toquen ninguna institución, ni esta fábrica ni este barrio ". Grupos de jóvenes emergen de la oscuridad y atacan el campamento de los agresores; de la nada surgen y en la nada se esconden, acostumbrados a andar entre las bardas que los vieron crecer.

Se produce un alboroto, se escuchan algunos tiros y alguien grita que salgamos a pelear a la calle "a ver quién se la banca más ".

La conversación es los gritos "tenés que tirar un poco mas que dos tiros si querés que salgamos de acá, mirá si te vamos a entregar una fábrica que vale 150 palos verdes solamente para que lo pidás ".

Risas, canciones futboleras; todo vale para volver loco a un l enemigo que tampoco puede descansar.

El viernes se retiran. Por la mañana los medios muestran como agreden a la fábrica y como el combustible principal que utilizan en el vino en cartón. Al mediodía, durante una conferencia de prensa en la entrada de la fábrica, los rompehuelgas no tienen mejor idea que atacar a piedrazos. Se producen escenas de confusión, la prensa en pleno se cruza hasta su campamento y un periodista es agredido por un grupo de rompehulelgas.

Los que querían recuperar la fábrica para los patrones habían terminado de perder una primer batalla; la de la opinión pública. Golpeados y cansados algunos, desmoralizados otros, y con la panza y las gargantas llenas la mayoría, se van. En la fábrica se festeja; esa noche se puede dormir, aunque se mantienen las guardias solidarias para las que aporta cada organización.

La fisonomía de la fábrica, asediada, apedreada, cambia rotundamente. Luces prendidas, guardias mas numerosas, controles en la entrada. El uniforme de los obreros también sufre una mutación; desde el primer hombre en la guardia, hasta el último destinado a la producción lleva su gomera. Estamos en estado de tensión permanente.

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Reporte del viernes. Apurado, casi sin dormir, escribo el siguiente informe :

Ruta 7, 11 AM - Un grupo de 400 desocupados del MTD marchan cortando la ruta. Se acercan a la puerta de Cerámicas Zanon. Del otro lado espera una nutrida delegación de Ceramistas. Se confunden en un abrazo, ese mismo abrazo solidario que durante todos estos días de tensión se vio. "Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta se jode". Nadie salta; estamos cansados, pero las palmas, los saludos, los rostros cansados pero felices de los obreros alcanzan para darle a la jornada un alto grado de solidaridad.

— La ruta es nuestra — había dicho un compañero desocupado durante una de las tantas reuniones que se hicieron ayer. Los rompehuelgas entendieron el mensaje, anoche guardaron violín, tetrabrik y asado en bolsa y se volvieron para sus casas.

Hoy por la mañana nos despertó el ruido de la sirena de un transfer, que después de algunos días tensos volvieron a funcionar . Las guardias seguían firmes y bien reforzadas, pero nos dimos el lujo de turnarnos para descansar. La fábrica esta produciendo, y las ventas continúan -nunca se pararon- su rutina cotidiana. Las caras de cansancio, las miradas de hombres preocupados que pasan uno o dos días sin dormir se aflojan de a ratos, y ya la mayoría pudo dormir algunas horas seguidas.

El que no tuvo un buen día fue el burócrata sindical Montes, uno de los pocos empleados que tiene la patronal de Zanon. Anoche, cuando el viento soplaba sobre la ruta 7, tuvo que juntar sus pertrechos y volverse a su casa. Sus "empleados" ya tenían 40 pesos en el bolsillo, ya estaban lo suficientemente borrachos y cansados de ser repudiados como para querer mas.

"No los conozco, deben ser los compañeros de mis compañeros" declaró Sanmartín, otro de los rompehuelgas, cuando varios periodistas le preguntaron sobre por qué habían atacado a piedrazos una conferencia de prensa.

Como broche final, el mismo Montes en persona negó que "su gente" haya golpeado al periodista de la agencia TELAM y de Radio Calf. En los diarios locales declaró que "se pusieron nerviosos porque saben que es un zurdo". La voz en off del antihéroe fue difundida junto con las imágenes que documentan la agresión. Ni siquiera la Mañana del sur, subsidiario del Ambito Financiero, pudo evitar referirse a los carneros como "independientes" entre comillas.

Hoy, cuando los provocadores intentaron hacer una conferencia de prensa, los trabajadores del periodismo les dieron otra lección; en solidaridad con el compañero agredido decidieron que nadie iba a concurrir a su llamado. Entre los periodistas también hay gestos de dignidad. Y que esta mañana hayan vuelto a amenazar a un compañero telefónicamente, es quizá un síntoma de que su impotencia política no encuentra todavía final en su caída. Pero los rompehuelgas, carneros y malandras son sólo el último eslabón de la cadena de mandos de los antiguos dueños de Cerámicas Zanon, que hoy volvieron a estar representados aquí por los síndicos sin nada en la mano mas que vagas declaraciones de "hacer una propuesta" y una futura reunión para dentro de dos semanas.

La audiencia convocada para el día de hoy terminó en la nada, sumándose a la cadena de presiones que sufrieron los ceramistas durante la última semana. Desde la empresa de luz y gas, de parte del gobierno, pasando por los rompehuelgas del lado puramente patronal, hasta la justicia con sus pedidos de desalojo, y sus audiencias de presión, todos parecen haberse puesto de acuerdo para intentar tirar contra las cuerdas a la lucha de los obreros de Zanon.

Un año de pie, siente meses produciendo en una fábrica enorme y compleja no pasaron en vano. Hace dos semanas, los trabajadores realizaron un "encuentro interno" donde divididos en comisiones discutieron en profundidad todos los aspectos de su actividad cotidiana, desde las movilizaciones, la situación del país, hasta las calidad de la producción y la limpieza de la fábrica, sacando conclusiones que luego volcaron en un plenario general. Los resultados de esa jornada se notaron primero en la producción, que al comenzar esta semana de tensión había alcanzando una calidad superior a la conocida hasta ahora.

Y las conclusiones mas profundas, esas que se graban a fuego con la experiencia, se demostraron en cada uno de los desafíos que la lucha nos hizo enfrentar estos días. La primer conclusión de todo esto, es que los trabajadores demostraron estar mas fuertes y mas unidos que nunca, y que ese nivel de conciencia logrado es algo difícil de quebrar.

Hace unos meses, cuando los trabajadores se movilizaron masivamente luego de una brutal represión, un dirigente del sindicato declaró que, como dice la canción "lo que no te mata te fortalece". Hoy los trabajadores volvieron a demostrar que en ese punto también tienen toda la razón.

A todos los que venimos de afuera a conocer a los obreros de Zanon nos pasa algo parecido, que es difícil de explicar; una vez aquí nadie quiere irse. La intensidad de la situación, la cantidad de cosas que hay que hacer, nos mantienen como atrapados todo el tiempo. Pero, sobre todo, esa calidad humana, esa solidaridad contagiosa y esa serenidad que se aprende en este tipo de luchas, es algo que se mete muy hondo, algo que no se puede explicar fácilmente con palabras. Estos hombres y mujeres que tomaron en sus manos Cerámicas Zanon, están haciendo algo que significa mucho mas que tomar una planta y ponerla a producir. En ese proceso, se están transformando a ellos mismos y poniendo, como decían en el mayo francés, una estrella danzante sobre esta tierra que se viste de marrón para homenajearlos.

18

El fin de semana pasa plagado de rumores. Neuquén es una ciudad que guarda algunas formas de pueblo antiguo, y todo - mas temprano que tarde- se termina por saber.

En los barrios pobres, camionetas blancas con hombres de traje reclutan gente, y mientras tandt Montes procura apoyo de la CGT (Confederación General del Trabajo) local.

En el barrio Parque Industrial, a pocos kilómetros de la fábrica, hay algunos problemas para reclutar gente. De allí son algunos de los jóvenes que habían ido a la fábrica por primera vez. Muchos que se sienten golpeados, aturdidos, engañados, no quieren volver.

Un profesor de futbol de apellido Centurión, ligado al Movimiento Popular Neuquino (MPN, partido que detenta el poder) es el nuevo encargado de reclutar gente :

— Ahora vamos a ir con los gordos de la CGT, así que esos ceramistas no van a poder aguantar ni un rato, los vamos a sacar de vuelo — dice.

Igual que días atrás, ofrecen 20 pesos al que este dispuesto a aguantar 12 horas frente a la fábrica, y 20 más al que se quede durante toda la noche. El vino, las drogas y de ser necesario las armas, corren por cuenta de la patota sindical, a esta hora co-dirigida por funcionarios del ex-directorio de Zanon.

El corillo de rumores es tremendo; que se están armando, que lograron apoyo de la gobernación, que los pocos ex-obreros ceramistas que se les plegaron no querían volver mas, y que la hinchada de Cipolletti, por presión del club, se abstendría de venir. Las camionetas misteriosas recorren la ciudad durante todo el fin de semana; Villa Ceferino y San Lorenzo son dos de los barrios donde amigos y conocidos nos corren a contar los que los hombres de traje les fueron a ofrecer.

Todo el fin de semana es un corrillo interminable, que apenas deja dormir.

19

Es domingo, de madrugada. Por fin pude dormir un poco. Escapando de los rumores, me encierro a escribir en una oficina perdida en medio de la fábrica. Mitad con sueño, mitad con ansiedad, sale el siguiente artículo, escrito de corrido y casi sin pensar en la formalidad periodística. Lo publico sin corregir. No me creo con derecho a hacerlo ahora, así que transcribo algunos de sus párrafos tal cuál los escribí en aquella ocasión :

“En el día de ayer, los diarios locales difundieron un comunicado de prensa del sector denominado "ceramistas independientes", el grupo que la semana pasada protagonizó una provocación contra los trabajadores de Zanon y contra periodistas de medios nacionales.

En el comunicado, los rompehuelgas declaran que volverán a "acampar" frente a la planta durante el día Lunes para reclamar el desalojo de la misma y el cumplimiento del plan de la patronal; dejar 200 familias en la calle y reabrir la fábrica con un mínimo de personal, violentando mas de 20 fallos judiciales que le dan la razón a los obreros que hoy mantienen la producción bajo su propio control.

La metodología que utilizan estos ex-dirigentes sindicales ligados a la CGT es conocida ya por toda la ciudad; reclutamiento en los barrios marginales, entre las barras bravas y con los punteros políticos del MPN. El financiamiento de los directivos de la empresa, que les permitió movilizar grupos de provocadores en micros y camionetas, también le permite pagarle a sus "empleados" 10 pesos por "día de trabajo" además del vino, la comida y las armas que sean necesarias, según constan en varios testimonios de toda la región.

Este tipo de "laburitos", como se los llaman en el mundo del clientelismo y la mafia política local, es comúnmente utilizada para engrosar actos políticos, realizar apretadas a opositores, hacer robos por encargo, etc. En la marginalidad, en el reparto político de la ayuda social, en los comité de campaña, en las estructuras vetustas de los viejos aparatos estatales, el trabajo de matonaje y la provocación es una fuente de empleo para todo aquel que haya perdido hasta el mínimo grado de valores humanos.

P.-S.

Publicado originalmente el 30 de diciembre de 2002 en Indymedia Argentina.