Publicar un mensaje

En respuesta a:

  • Veinte minutos

    , por Jorge Lanata, Martín Gaitán

    Papá nunca deja rastros. Incluso ahora, que trataba de evitar el mal humor durmiendo, está tirado sin desarmar la cama. Hace un rato le gritó a mamá desde el pasillo:

    — Lilí, llamame en veinte minutos.

    Papá puede dormir veinte minutos. Duerme con la precisión de un horno a microondas.

    — Avisame en veinte minutos— advierte.

    O quince. Pero al rato se levanta exacto, nuevo, alisa la colcha y deja en el aire, por un par de segundos, una pequeña nube de Paco Rabanne.

    Mamá vive pendiente del reloj; pronuncia en voz alta la cuenta regresiva de los últimos diez segundos y entonces grita desde el vestidor:

    — ¡Negro! ¡Despertáte!

    Pero papá ya está levantado, y sale a caminar, o me lleva de compras al supermercado. Papá odia ir al supermercado y hacer las compras, pero odia más Punta del Este, y se aburre y tal vez en el fondo le divierten los comentarios de los argentinos que murmuran entre las estanterías cuando la cara de Papá aparece. Ayer una alarma secreta hizo saltar de su sillón al gerente del Super Uno, que se acercó a nuestro carrito y preguntó:

    — ¿Lo ayudo, Almirante?


¿Un mensaje, un comentario?
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)

Enlace hipertexto (opcional)

(Si tu mensaje se refiere a un artículo publicado en Internet, o a una página que contiene más informaciones, indica a continuación el título de la página y su dirección URL.)

¿Quién eres? (opcional)