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  • Animales domésticos

    , por Guillermo Saccomanno, Martín Gaitán

    Desde que Felipe trajo esa estufa de kerosene no se puede respirar en esta casa.

    — Quería darte una sorpresa— dijo cuando cortaba el hilo del paquete.
    — Sabés que no aguanto el kerosene. Me da alergia.
    — En esta casa hace mucho frío.
    — Siempre hizo frío — le dije —. Ahora se siente más porque estamos viejos.
    — ¿Que querés? ¿Qué la cambie por una eléctrica? Las de cuarzo gastan mucho y no calientan.

    Así son los regalos de Felipe. Cuando éramos jóvenes, con el sueldo compraba una pila de libros.
    — Para vos y los chicos— decía.
    — Sabés que no me gusta leer. Y lo que los chicos necesitan es ropa.

    Es inútil luchar con Felipe.

    — ¿Cuánto te costo esa estufa?
    — No se dice el precio de un regalo.
    — Un regalo es algo que le gusta a quien lo recibe.
    — No te aflijas. La compré con unos pesos que me gané a la quiniela.
    — Si vos no jugás.
    — No me creés.
    — No, no te creo. Metiste la mano en mi secreter.


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