Esa mujer

Rodolfo Walsh

, por Martín Gaitán, Rodolfo Walsh

Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.

— Es mía —dice simplemente—. Esa mujer es mía.